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domingo, 21 de octubre de 2018
viernes, 22 de noviembre de 2013
Sin indicios de sufrimiento
Este vagabundo que pasea por la estación central y sus alrededores tiene un aspecto de lo más normal. No diría distinguido, pero sí digno y correcto. Hay que fijarse un poco para apreciar el desgaste excesivo de la ropa en algunos puntos, las cicatrices de las manos, los objetos extraños que porta en el maletín de ruedas, por lo demás de aspecto tan profesional. Y luego está, por supuesto, la forma en que se comunica con nosotros, con el resto del mundo.
Porque como tantos vagabundos de la ciudad, este señor necesita, entre otras muchas cosas, atención psiquiátrica.
Si uno tiene la mala suerte de cruzarte con su mirada, este vagabundo abrirá desmesuradamente los ojos y dará por iniciada la comunicación con el desventurado ser humano que lo miró. Es una mirada que te atraviesa de parte a parte, te da la vuelta como un calcetín y te incita a decir algo, quizá a saludar. Pero antes de que uno pueda reaccionar llega el improperio. Por ejemplo:
-Todo el puto día batallando para tener que cruzarme ahora con tu cara de imbécil -dice, tranquilo, con una voz de trueno.
En ese momento, uno puede cometer muchos errores. Por ejemplo, volverse y contestar. O seguir mirando. Entonces la tormenta arrecia.
-No, no te pares ahí -dirá el vagabundo agitando levemente una mano que intenta expulsar al advenedizo-, hueles a mierda que apestas. Lárgate y déjame en paz.
Si uno quiere sentir la violencia de toda la artillería pesada de este hombre, no tiene más que quedarse quieto. Poco a poco irá surgiendo una buena retahíla de perlas dedicadas al amor fraterno, la filantropía y la buena vecindad.
-¿Tú eres el cabrón que se caga en las papeleras? Sí, tienes toda la pinta de cagarte en las papeleras. Se te ve capaz, y hueles a mierda, y también a papelera. Bueno, lárgate de una vez y déjame en paz, que se me revuelve el estómago de verte y olerte. Ve al hospital a que te laven bien, hijo de perra. Y deja de cagarte donde comemos los demás, enfermo del demonio.
A continuación, el vagabundo reanuda su camino en espiral hacia ninguna parte, digno y correcto, con su maletín lleno de envases que otros no apuraron. Sin indicios de sufrimiento.
Porque como tantos vagabundos de la ciudad, este señor necesita, entre otras muchas cosas, atención psiquiátrica.
Si uno tiene la mala suerte de cruzarte con su mirada, este vagabundo abrirá desmesuradamente los ojos y dará por iniciada la comunicación con el desventurado ser humano que lo miró. Es una mirada que te atraviesa de parte a parte, te da la vuelta como un calcetín y te incita a decir algo, quizá a saludar. Pero antes de que uno pueda reaccionar llega el improperio. Por ejemplo:
-Todo el puto día batallando para tener que cruzarme ahora con tu cara de imbécil -dice, tranquilo, con una voz de trueno.
En ese momento, uno puede cometer muchos errores. Por ejemplo, volverse y contestar. O seguir mirando. Entonces la tormenta arrecia.
-No, no te pares ahí -dirá el vagabundo agitando levemente una mano que intenta expulsar al advenedizo-, hueles a mierda que apestas. Lárgate y déjame en paz.
Si uno quiere sentir la violencia de toda la artillería pesada de este hombre, no tiene más que quedarse quieto. Poco a poco irá surgiendo una buena retahíla de perlas dedicadas al amor fraterno, la filantropía y la buena vecindad.
-¿Tú eres el cabrón que se caga en las papeleras? Sí, tienes toda la pinta de cagarte en las papeleras. Se te ve capaz, y hueles a mierda, y también a papelera. Bueno, lárgate de una vez y déjame en paz, que se me revuelve el estómago de verte y olerte. Ve al hospital a que te laven bien, hijo de perra. Y deja de cagarte donde comemos los demás, enfermo del demonio.
A continuación, el vagabundo reanuda su camino en espiral hacia ninguna parte, digno y correcto, con su maletín lleno de envases que otros no apuraron. Sin indicios de sufrimiento.
jueves, 10 de octubre de 2013
Pockets full of stones
El 28 de marzo de 1941, mientras una
guerra monstruosa despedazaba medio mundo, Virginia se puso el abrigo, llenó
los bolsillos de piedras y se adentró en las oscuras aguas del río que pasaba
frente a su casa.
No encontraron su cadáver hasta el 18 de
abril.
En casa dejó una nota para su marido
Leonard:
«Querido mío, tengo la certeza de que estoy enloqueciendo de nuevo. Siento que no podríamos superar otra de esas épocas terribles. Y esta vez no me voy a recuperar. Empiezo a oír voces, y no me puedo concentrar. Así que voy a hacer lo que parece que será lo mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido, en todas las cosas, todo lo que nadie podría haber sido. No creo que haya habido dos personas más felices hasta que llegó esta enfermedad terrible. Ya no puedo luchar más. Sé que te estoy arruinando la vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás ya lo sé. Mira ni siquiera puedo escribir esto como es debido. No puedo leer. Lo que quiero decir es que toda la felicidad de mi vida te la debo a ti. Has sido absolutamente paciente e increíblemente bueno conmigo. Quiero decir que... todo el mundo lo sabe. Si hubiera habido alguien capaz de salvarme, habrías sido tú. Todo se me ha ido, excepto la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir arruinándote la vida. No creo que haya habido dos personas más felices que nosotros. V.» (Mi traducción, aquí está el original:)
(Dearest, I feel certain that I am going mad again. I feel we can't go through another of those terrible times. And I shan't recover this time. I begin to hear voices, and I can't concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don't think two people could have been happier till this terrible disease came. I can't fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can't even write this properly. I can't read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that—everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can't go on spoiling your life any longer. I don't think two people could have been happier than we have been. V.)
Setenta años después, el 23 de agosto de
2011, Florence Welch y su grupo musical dedicaron esta canción a la escritora
suicida. Me parece un magnífico y hermoso homenaje.
lunes, 7 de enero de 2013
Indeterminación
Hay días en los que el pasado es una masa informe y sospechosa.
Hay días en los que el futuro se oxida y se corrompe como cosa antigua e inservible.
En esos días, me gusta embestir la nada con el cráneo desnudo hasta sangrar, y vagar, con mezquino deleite, entre ideas y sentimientos difíciles de expresar e imposibles de compartir.
A Warm Place - Nine Inch Nails from Gelly on Vimeo.
Hay días en los que el futuro se oxida y se corrompe como cosa antigua e inservible.
En esos días, me gusta embestir la nada con el cráneo desnudo hasta sangrar, y vagar, con mezquino deleite, entre ideas y sentimientos difíciles de expresar e imposibles de compartir.
A Warm Place - Nine Inch Nails from Gelly on Vimeo.
jueves, 23 de agosto de 2012
Solo
Siete de la mañana. Voy a la cocina. Tras un momento de duda, dos trozos de pan en la plancha, al mínimo.
La cocina tiene un montón de armaritos, cada uno con una cosa. También tiene una ventana baja. Desde este segundo piso se ven los patios traseros y las casas de enfrente.
La cafetera, el filtro, el café, el fuego. Un arrendajo azul en el poste de teléfonos. El arrendajo es vecino del barrio, la primera cara conocida del día. Abre y cierra las alas, enseña sus plumas blancas, negras, azules.
El olor del pan me dice: dame la vuelta, y yo obedezco. El café va gorgoteando los buenos días. El desayuno empieza por la nariz. El sol me calienta las piernas. Hoy va a hacer buen tiempo.
Un plato: mantequilla y mermelada. Una taza: poca leche y un suspiro de azúcar. Un taburete junto a la ventana, la comida en el alféizar, los codos en las rodillas.
Desayuno mirando hacia fuera, hacia todo eso que, en realidad, no es nada: techos, cables, ventanas, arbustos, árboles, nubes.
Así, así, dormido, despierto, flotando. Así.
El último sorbo de café siempre tiene un toque amargo.
La cocina tiene un montón de armaritos, cada uno con una cosa. También tiene una ventana baja. Desde este segundo piso se ven los patios traseros y las casas de enfrente.
La cafetera, el filtro, el café, el fuego. Un arrendajo azul en el poste de teléfonos. El arrendajo es vecino del barrio, la primera cara conocida del día. Abre y cierra las alas, enseña sus plumas blancas, negras, azules.
El olor del pan me dice: dame la vuelta, y yo obedezco. El café va gorgoteando los buenos días. El desayuno empieza por la nariz. El sol me calienta las piernas. Hoy va a hacer buen tiempo.
Un plato: mantequilla y mermelada. Una taza: poca leche y un suspiro de azúcar. Un taburete junto a la ventana, la comida en el alféizar, los codos en las rodillas.
Desayuno mirando hacia fuera, hacia todo eso que, en realidad, no es nada: techos, cables, ventanas, arbustos, árboles, nubes.
Así, así, dormido, despierto, flotando. Así.
El último sorbo de café siempre tiene un toque amargo.
jueves, 14 de junio de 2012
¿Me lo dice a mí?
Llevo tres meses sin leer ni escribir nada (perdón, énfasis: nada) y de repente me topo con esta canción de Souad Massi:
Que viene a decir algo así como "cuéntanos un cuento, haz que nos olvidemos de que somos adultos y llévanos lejos de este mundo, al país de érase una vez y de las mil y una noches".
(He de reconocer que el mensaje llega en un formato irresistible. Es probable que surta efecto.)
Que viene a decir algo así como "cuéntanos un cuento, haz que nos olvidemos de que somos adultos y llévanos lejos de este mundo, al país de érase una vez y de las mil y una noches".
(He de reconocer que el mensaje llega en un formato irresistible. Es probable que surta efecto.)
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