miércoles, 26 de diciembre de 2018

Algo habremos hecho bien, don George

Tenía yo diecisiete años cuando leí dos novelas de George Orwell que no son de las más conocidas: Sin blanca en París y Londres (Down and Out in Paris and London) y Subir a por aire (Coming up for air). Eran las clásicas copias baratas de la Editorial Destino, de España, sobrias y sin atractivo exterior. Recuerdo cómo me cautivó la lectura de aquellos dos libros, en particular el primero, en el que Orwell narra, en parte por experiencia propia, la vida de un mendigo en París y luego en Londres a principios de los años treinta. No sé cuántas veces la he releído desde entonces, pero no son pocas, y mucho menos recuerdo cuántas veces la he citado. Aquí, en el blog, seguro que muchísimas. Creo que mi debilidad por los personajes sin hogar, mendigos y vagabundos, como Richie y otros más que han pasado por estas páginas electrónicas, procede en gran parte de esa lectura. Más tarde seguí leyendo todo lo de Orwell, pero por algún motivo no hubo nada que me impresionara más que aquel relato.

Hace un par de días llegó de visita una de las personas a las que más quiero en el mundo. Venía de Inglaterra, precisamente. El regalo que me trajo fue una edición "vintage" de Down and out in Paris and London, o sea, mi favorita de todos los tiempos. Ella siempre supo que me gustaba Orwell, pero me podría haber traído cualquier otra, y sobre todo alguna de las dos más famosas, 1984 y Rebelión en la granja. Podría haber elegido Homenaje a Cataluña, lectura obligada para cualquiera que haya nacido y crecido en ese paisito peninsular que hay al lado de Portugal. Podría haber comprado una selección de artículos de prensa o ensayo, pero no, me trajo la de los mendigos. Me trajo la mía. Y me ha hecho feliz.

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